miércoles, 26 de junio de 2013

Ateísmo lógico

Ateísmo lógico:

Lo que yo tampoco creo


Para mis alumnos (*)


© Alfonso Fernández Tresguerres

Publicado en El Catoblepas





Decía Tierno Galván que la diferencia entre el ateo y el agnóstico estriba en que el primero no quiere, en realidad, que Dios exista, en tanto que el segundo se limita a «no echar de menos a Dios», conformándose con «vivir en la finitud» y con la vida que le ha sido dada en este mundo. Y yo, que no me considero autorizado a ser portavoz de nadie, y tampoco del ateo, no dudo en sostener que tal afirmación es una solemne majadería. Al menos, en lo que a mí respecta, estaría encantado de que Dios existiera y no vivir en la finitud, porque a mí, como a Unamuno, no me da la gana morirme. El problema es que Dios no existe, y que lo que yo quiera o deje de querer en lo más mínimo le importa a este Universo que continuará su expansión hasta muchísimo tiempo después de yo me haya ido. Y añadiré, además, que no echo de menos a Dios, mas no por ser buen agnóstico, sino porque ¿cómo añorar a quien jamás se ha conocido? Y naturalmente que me conformo con la vida que tengo, inmersa en la finitud, pero, una vez más, no por agnóstico, sino porque no me queda otro remedio: de no conformarme, el resultado sería el mismo. Así que, mira por dónde, siendo ateo, poseo las características que Tierno demanda a un sano y sensato agnosticismo, e incumplo la que, según él, resulta esencial al ateo.

No. Las diferencias entre el ateo y el agnóstico estriban en que el segundo es escéptico en este asunto, y el primero, no. Si el agnóstico se mantiene en un estado de duda teórica (lo que es una redundancia, porque nunca la duda puede ser práctica: en último término, uno está obligado a decantarse por una cosa u otra; y en el caso que nos ocupa, el agnóstico, si en verdad lo es, no es posible que actúe en su diario acontecer más que como ateo, quiero decir que es de imaginar que vivirá como si Dios no existiera); y se mantiene en ese estado de duda a costa, seguramente, como sospecha Hanson, de infringir las normas del razonamiento lógico más elemental, el ateo sostiene, en cambio, que Dios no existe. Así de simple.



El diagnóstico que hace Tierno acerca de la diferencia entre el agnóstico y el ateo parece apoyarse, entre otras cosas, en Sartre, quien habría dicho que aunque Dios existiera, habría que ser ateo. Mas yo creo que el uso que hace de las palabras del filósofo francés es debido o a una mala interpretación o a una auténtica mala fe. Al menos, yo siempre he entendido que lo que en verdad Sartre quiere decir es que aunque Dios existiera, habría que renegar de Él, es decir, habría que ser antidios, oponerse a Él, del mismo modo que se puede ser anti muchas otras cosas y oponerse a ellas. Y el motivo, no es otro, seguramente que el problema del mal, incompatible, sin duda, con un Dios Omnipotente y Bueno que habiendo podido evitarlo, no lo ha hecho. Y de nada sirven los intentos agustinianos al respecto, argumentando, por ejemplo, que del mal obtiene Dios beneficios mayores («Dios escribe recto en renglones torcidos»), o que el mal es, en verdad, nada, no es una entidad o una sustancia, y, por tanto, algo que en modo alguno Dios haya podido crear, puesto que no es nada, sino mera apariencia, vacío, ausencia de bien (argumentos de defendidos antes por los estoicos; el segundo de ellos con un más que evidente anclaje en la participación platónica), o, por último, que el mal depende de la libertad humana; ninguno de tales intentos, repito, resuelven de forma convincente tal problema. Pero, a fin de cuentas, cuando nos metemos en esos vericuetos, tales como que si Dios ha podido evitar el mal y no ha querido hacerlo, entonces no es Bueno, y si ha querido y no ha podido, no es Omnipotente, y, finalmente, que si no ha querido ni ha podido, entonces ni en Bueno ni Omnipotente, no hay más que una solución lógica: sencillamente, Dios no existe.



Por supuesto, no hay experiencia alguna ni evidencia de ningún tipo que demuestre la existencia de Dios, ni tampoco argumento alguno capaz de hacerlo. Ni el de san Anselmo, quien, partiendo de la Idea de Dios como la del ser que reúne todas las perfecciones y dando por supuesto que la existencia en la realidad es una perfección, concluirá afirmando que negar a Dios tal perfección supone incurrir en una contradicción. Argumento que, en efecto, nada prueba, porque es lo cierto que ni la existencia es una perfección (algo que perfeccione una esencia) ni aun admitiendo que lo fuese, existe contradicción alguna en afirmar que el Ser Perfectísimo únicamente existe como Idea, puesto que si se le niega la existencia no se está negando un solo atributo, sino todos, es decir, se está afirmando, sencillamente, que no existe un ser que posea las perfecciones que se atribuyen a Dios, o lo que es lo mismo, que Dios sólo existe como Idea. Ni tampoco las conocidas vías tomistas, en las que, establecido que el Universo en su conjunto es contingente, se sostiene que su existencia únicamente puede explicarse mediante la de un Ser Necesario, que, gratuitamente, se identifica con Dios (mas no un Dios cualquiera, claro, sino, justamente, el Dios del cristianismo), como si repugnara más a la razón la existencia de una materia eterna que la de un Ser personal igualmente eterno, siendo así que más bien sucede al contrario, no pudiendo hacerse la identificación que el Doctor Angélico sugiere más que apelando a la fe (Más aún: recientemente, Stephen Hawking ha argumentado que el Universo ha podido muy bien generarse a partir de la nada). O estableciendo, igualmente (siguiendo la causa eficiente de Aristóteles), que todas las cosas de este mundo, y el mundo en su conjunto, forzosamente han de tener una causa, hasta llegar a defender una excepción: la existencia de una Causa Incausada, que de nuevo, sin razón alguna, se identifica con Dios, que se convierte así en causa sui, lo que Santo Tomás considera absurdo referido a cualquier otra cosa, ya que por fuerza, si es causa sui, necesariamente ha de ser anterior a sí misma, mas no en el caso de Dios.





Immanuel Kant (1724-1804)


Lo cierto es que derruidas por Kant las pretensiones de la Ontoteología, muy pocos son los que han vuelto a defender argumentos, supuestamente demostrativos, de este tipo, y los que desde entonces maneja el teísmo discurren por otros cauces; alguno de los cuales es abierto, precisamente, por el propio Kant. Me refiero a aquello de que es necesario postular la existencia de Dios como una exigencia del mundo moral (lo que, dicho sea entre paréntesis, resulta incongruente, me parece a mí, con su propia doctrina de la moralidad), o afirmando, como harán otros, que si Dios no existe, la vida no tiene el menor sentido, &c. Argumentaciones, a lo que yo entiendo, de una extremada debilidad, puesto que para actuar moralmente me basta y me sobra con el dictado de mi racionalidad, y el que la vida tenga o no tenga sentido es cuestión tan confusa como metafísica, porque a saber qué es eso del sentido de la vida, y porque, en cualquier caso, cada cual puede hallarlo en las ocupaciones más variopintas.



De manera que si no existe la menor evidencia de la existencia de Dios, al no existir experiencia alguna que la constate ni argumento de ninguna clase que lo demuestre, lo más lógico es concluir que Dios no existe. Creo que en esto Hanson tiene razón. E incluso puedo estar de acuerdo con él en que el que no existan razones sólidas para pensar que una afirmación es verdadera, es en sí misma una buena razón para pensar que es falsa, y, por tanto, una vez examinadas todas las pruebas que se han propuesto para demostrar la existencia de Dios poniendo de relieve que ninguna de ellas es convincente, eso mismo es prueba suficiente de que Dios no existe. Pero creo que se puede ir algo más allá.



Norwood Russell Hanson (1924-1967)


Según Hanson (son sobradamente conocidos sus escritos El dilema del agnóstico y Lo que yo no creo) la proposición «Dios existe» no es analítica, sino sintética y de hecho, y, en consecuencia, no puede ser probada por la mera reflexión ni tampoco ser lógicamente demostrada. Pero eso significa que tampoco puede ser demostrado lo contrario, a saber: que Dios no existe. De tal manera, que la no existencia de Dios sólo cabe ser deducida de la imposibilidad del creyente para probar su existencia (tiene que demostrar quien afirma, y del hecho de que no pueda hacerlo se puede concluir que lo que afirma es falso). Tal es, si yo he entendido bien, la esencia de la recusación que hace Hanson del teísmo.



Mas, ¿por qué asegura que no se puede demostrar que Dios no existe? Veamos.



Una proposición del tipo Todo A es B puede ser falsada (bastaría con encontrar un A que no lo fuese), pero nunca plenamente verificada. En cambio, otra del tipo Algún A es B podría ser verificada (bastaría hallar un A que lo fuese), pero no puede ser falsada. Pues bien, la proposición «Existe Dios» posee el formato lógico de Algún A es B. Y es precisamente el hecho de que el creyente no haya logrado probar que es verdadera lo que permite concluir que es falsa. Mas nunca podrá el ateo, por sí mismo, demostrar que lo sea. Por eso resulta falaz, en opinión de Hanson, que tras mostrar el ateo la ausencia de prueba de que Dios exista, se le pida, a su vez, una prueba de que no existe, ya que tal prueba es imposible, como lo es probar que sea falsa la proposición Algún A es B. Y una prueba de ese tipo es, justamente, la que piden al ateo tanto el teísta como el agnóstico, sin advertir (y en ocasiones sin advertirlo, para su desconcierto, el ateo mismo) que la prueba de que Dios no existe es que no hay prueba ni evidencia alguna de que exista. Si la evidencia es prueba de que existe, la no evidencia lo es de que no existe.



Y en concreto, el agnóstico es, en opinión de Hanson, absolutamente incongruente. Enfrentado al teísta, trata la proposición «Dios existe» como una cuestión de hecho, pero no probada, y por eso rehúsa adherirse a ella. Mas enfrentado al ateo, la aborda como una cuestión lógica del tipo Algún A es B, y, en consecuencia, le pide una prueba lógica de que Dios no existe; prueba que no puede darse, del mismo modo que no puede falsarse la proposición Algún A es B. Ahora bien, en estricta racionalidad habría que exigirle que jugara a lo mismo en los dos casos: si se decide por ser un coleccionista de hechos (como dice Hanson), entonces tiene que admitir que hay razones para negar la existencia de Dios (a saber: que no hay evidencia alguna de que exista); y si opta por actuar como un lógico, deberá admitir que si nunca se podrá establecer definitivamente que Dios no exista, entonces tampoco se podrá establecer definitivamente que exista. En ambos casos, si es coherente y usa su razón, se verá abocado al ateísmo, puesto que ni el ámbito de los hechos ni en el de la lógica existen sólidos fundamentos para sostener que Dios existe.



No es mi intención en erigirme aquí en defensor del agnóstico (más bien al contrario), pero me parece que si es incongruente tratando la proposición «Dios existe» de forma distinta, según se enfrente al teísta o al ateo, no acabo de entender por qué lo sería si decidiendo actuar como lógico en los dos casos concluyera que no se puede demostrar definitivamente ni la existencia ni la no existencia de Dios. Como quiera que sea, a mí me parece que la incongruencia del agnóstico estriba en no pedir a ambos (teísta y ateo) pruebas de los dos tipos, es decir, en el ámbito de los hechos y en el de la lógica. Así las cosas, es obvio que en el primero de ellos el teísta no dispone de prueba alguna que confirme la existencia de Dios, mas tampoco el ateo de que no exista. Si estamos tratando con un conjunto finito de elementos es posible falsar la proposición Algún A es B (simplemente mirando: por ejemplo demostrar que es falso que alguno de mis alumnos sea de Aragón), de igual modo que se podría verificar que Todo A es B (que todos mis alumnos tienen dos orejas). Pero es claro que si tratamos con un conjunto potencialmente infinito, ni cabe verificar Todo A es B ni falsar Algún A es B. Así, yo nunca podría falsar la afirmación de que hay un ser que es Dios, de la misma manera que no podría falsar que en mi casa vive una familia de duendes invisibles. La batalla contra el teísta no se puede librar en el terreno de los hechos. Ni el primero tiene prueba empírica alguna de la existencia de Dios ni el ateo podría probar que no existe un ser que es Dios, máxime cuando se trata de un ente que comienza por ser declarado invisible. Aun así, estoy de acuerdo con Hanson en que la ausencia de prueba empírica es prueba suficiente de su no existencia (de igual modo que del hecho de que no haya prueba alguna de que en mi casa habite una familia de duendes es prueba suficiente de que nos hay tales duendes). Pero creo que el ateo puede ir un poco más lejos. Porque pasando el terreno de la lógica (que es donde verdaderamente ha de librarse tal batalla), no es menos evidente que el teísta no puede demostrar que Dios exista, pero sostengo, en cambio, que el ateo puede demostrar que no existe. Es decir, sostengo que sí es posible falsar una proposición del tipo Algún A es B; falsarla no en el terreno de los hechos, pero sí en el de la lógica. Tratada como una cuestión que sólo pudiera resultar falsada o verificada en la experiencia, es claro que el ateo nunca podrá demostrar que no existe Dios, del mismo modo que no cabe falsar la proposición Algún A es B, y sólo le queda el recurso de argüir que la no existencia de Dios se deduce de la imposibilidad del teísta para confirmarla. Tratada como una cuestión lógica, así como es obvio que el teísta no puede demostrar la existencia de Dios, creo que el ateo sí puede demostrar su no existencia. Es lo que en alguna ocasión he denominado ateísmo lógico.



La clave de tal ateísmo estriba en mostrar que la Idea de Dios es lógicamente contradictoria y configura la imagen de un ser imposible.



Hablando en términos de Hanson: lo que sostengo (lo señalaba antes) es que sí es posible falsar la proposición Algún A es B (en el caso que nos ocupa: hay un ser que es Dios) siempre que la esencia misma designada por B sea imposible o lógicamente contradictoria. Dicho de otro modo, ahora con Aristóteles, lo que dice Hanson es que una proposición universal afirmativa (A) puede ser falsada, más no definitivamente verificada, en tanto que una proposición particular afirmativa (I) puede ser verificada, pero no falsada. Ahora bien, ¿cómo falsamos una proposición universal afirmativa del tipo Todo A es B? Evidentemente, encontrando un A que no lo sea, es decir, probando la verdad de su contradictoria, esto es, la particular negativa (O): Algún A no es B. Paralelamente, entiendo que podemos falsar una proposición particular afirmativa, Algún A es B, probando la verdad de su contradictoria, es decir, la universal negativa (E), esto es, probando que Ningún A es B. Probando, por tanto, que ningún ser puede existir que posea la esencia denotada por B, o llevado el asunto a la cuestión de la que tratamos, que ningún ser puede existir que posea la esencia designada por la Idea Dios, por ser imposible y lógicamente contradictoria. Demostrado que Ningún A es (ni puede ser) B, queda igualmente probado que es falso que algún A lo sea, esto es, queda probada la falsedad de la proposición «Existe Dios», o lo que es lo mismo, queda probada la proposición «No existe Dios». ¿Y eso es posible? Yo creo que sí.



La esencia de la que hablamos, la denotada por la Idea Dios, es la de un ser que reúne todas las perfecciones, la de un Ser Perfectísimo. Pero tal Idea es lógicamente contradictoria, y tal contradicción se advierte en el momento en que se comparan los atributos inherentes a tal Idea, es decir, las perfecciones que se le atribuyen, tratando de mantenerlas todas a ellas a un tiempo. Pero si bien la contradicción puede percibirse en la comparación de diversos atributos entre sí, resulta, desde luego, clamorosamente evidente (y con sólo este argumento me basta) cuando se compara cada uno de ellos separadamente o en conjunto, es decir, la Idea misma de perfección, con otro de los atributos divinos: la Omnipotencia. Este atributo no sólo se considera, de hecho, parte de la esencia divina, sino que por fuerza ha de ser considerado, si en verdad entendemos la Idea de Dios como la Idea del Ser Perfectísimo. Pero ocurre que un Ser Perfectísimo no puede ser, a la vez, Omnipotente, y si no lo es, no es Perfectísimo.



Sucede que la perfección que entraña cada uno de los atributos individualmente considerados (y la Perfección en conjunto) exige que permanezcan esencialmente invariables, es decir, que ninguno de ellos pueda experimentar aumento ni disminución de aquello a lo que se refiere. Y otro tanto puede decirse si en lugar de considerarlos de manera individual, nos referimos a ellos en conjunto, es decir, a la Perfección misma: es absurdo pensar que tal Perfección pueda crecer o mermar, porque entonces no sería Perfección, si es que puede hacerse aún más perfecta, ni lo sería tampoco si fuese susceptible de hacerse menos perfecta. Ahora bien, cualquiera de tales alternativas entraría en flagrante contradicción con la Omnipotencia y obligaría a negarla. Si Dios no puede ser más ni menos Justo, Omnisciente, Misericordioso… si no puede, en suma, ser más Perfecto ni tampoco menos, entonces no es Omnipotente. Y si puede serlo, entonces no es Perfecto. La contradicción, pues, nace de la Idea misma del Ser Perfectísimo, al que necesariamente es preciso atribuirle la Omnipotencia, que acaba por comprometer la Idea misma de Perfección, ya que ésta no puede aumentar ni disminuir en un Ser Perfecto, pero si no puede hacerlo, entonces, también necesariamente, es obligado negar en él la Omnipotencia.. La Perfección exige la plenitud y excluye el cambio, pero tales exigencias niegan la Omnipotencia.



Aun podemos insistir en ello, nuevamente con Aristóteles: un Ser Perfecto ha de ser Acto Puro, sin potencialidad alguna, pero la ausencia de tal potencialidad supone excluir de su esencia la Omnipotencia.



Es más: con que hubiera únicamente algo que Dios se viera incapacitado de hacer, eso sería suficiente para negar su Omnipotencia. Así que aún en el supuesto de que fuera verdad aquello que decía Agatón (citado, precisamente, por Aristóteles):



De sólo esto se ve privado hasta Dios:

de poder hacer que no se haya producido lo que ya está hecho,



eso bastaría para probar la imposibilidad de la Omnipotencia.



La Idea de Dios es, así, lógicamente contradictoria y denota la Idea de un ser imposible. Es falso, pues, que existe Algún A que es B, un ser que es Dios, puesto que es verdad que Ningún A es B, ningún ser es Dios, dada la imposibilidad de la esencia designada por B, es decir por la Idea de Dios. En consecuencia, la proposición «Dios existe» es falsa y la que sostiene que «Dios no existe» es necesariamente verdadera.



Decía Leibniz [Monadología, § 45] que si Dios es posible, existe. Pues bien, si Dios no es posible, no existe. Y no es posible. Luego no existe. Tal es, en esencia, lo que sostiene el ateísmo lógico.



Sin duda, el ateo dispone de otros importantes argumentos, además de éste. Yo no reniego de modo pleno (lo repetiré una vez más) del argumento de abogado de Hanson, a saber: que, en último término, tiene que demostrar quien afirma, y de la imposibilidad de hacerlo, cabe concluir que lo que sostiene es falso, máxime después de que el ateo haya puesto de relieve lo no concluyente de los argumentos o pruebas esgrimidos por el teísta. Ni, por supuesto, del que sostiene la incompatibilidad del mal con la existencia de un ser Bueno y Todopoderoso; problema al que hacíamos alusión al comienzo de estas notas, y del que decíamos que ninguno de los ensayos que se han hecho para hacer compatible la Bondad y el Poder de Dios con la existencia del mal convencen en modo alguno. Más me inclino yo a estar de acuerdo con Mark Twain, cuando afirma que



«El nuestro es con mucho el peor Dios que la genialidad del hombre ha hecho brotar de su imaginación demente» [Reflexiones sobre la religión, Tercero].



No es posible una justificación de Dios, esto es, una teodicea, al menos de carácter racional, por mucho que Leibniz, que es quien acuña el término, se haya empeñado en probar lo contrario. Al igual que en el caso de la Ontoteología, es Kant quien ha mostrado el fracaso inevitable de tal empresa: no es posible, sostiene, una teodicea doctrinal o especulativa, sino, a lo sumo, una auténtica o práctica, que, renunciando a las pretensiones de alzarse como conocimiento, se base exclusivamente en la fe. Así lo afirma expresamente:



«la teodicea no es tanto un asunto de ciencia, cuanto, mucho más, de fe» [Sobre el fracaso de todo ensayo filosófico en la teodicea. Observación final].



Ni renuncio tampoco de la fuerza que para la posición del ateo supone el propio relato bíblico: Dios nos crea débiles, sabedor de que vamos a pecar, y para ayudarnos a ello, nos coloca delante tentaciones a cada paso (por ejemplo, nos hace sexualmente activos todo el año, y, al mismo tiempo, el hacer uso de tal capacidad se convierte en uno de los pecados más horrendos, o eso dicen sus intérpretes y vicarios en la Tierra), y luego nos castiga, incluso por toda la eternidad, con un Infierno que dicen ser algo espantoso. Y esto un ser de Bondad y Misericordia infinitas Como de nuevo señala Mark Twain en la obra mencionada (cuya publicación no quiso él hacer en vida y que únicamente 54 años después de su redacción fue autorizada por su hija, en 1960):



«Dios, hábilmente, formó al hombre de tal manera que no pudiese evitar obedecer las leyes de sus impulsos, sus apetitos y sus diversas cualidades desagradables e indeseables. Dios lo ha hecho así a fin de que todas sus salidas y entradas estén obstruidas por trampas que posiblemente no pueda eludir y que le obliguen a cometer lo que se llama pecados –y entonces Dios lo castiga por hacer estas mismas cosas que desde el comienzo de los tiempos Él siempre se había propuesto que hiciera» [Reflexiones, QUINTO].



Absurdo, sin duda. Pero luego resulta que luego se hace hombre, ya que envía a su hijo Jesús, que no es otro que Él mismo, para que nos redima del pecado y del mal. Pero resulta que Cristo muere en la cruz sin que nadie, ni siquiera sus más allegados discípulos, sepan muy bien quién era ni a qué vino, hasta que san Pablo ve la luz y hace, al parecer, la interpretación correcta de la figura de Cristo y su misión… Y entretanto, el Diablo, que también fue credo por Dios, sabedor perfectamente de lo que iba a hacer, continúa haciendo de las suyas, sin que el Señor Todopoderoso se decida a pararle los pies de una vez por todas… En fin, absurdos todos ellos de los que en algunas otras ocasiones ya me he ocupado.



Digamos, finalmente, que el hecho de que a duras penas se hallará cultura alguna en la que no se dé algún tipo de creencia religiosa, es argumento que, en ocasiones, el creyente utiliza para probar que «algo habrá», cuando es lo cierto que la posición que verdaderamente tales circunstancias viene a reforzar es, precisamente, la del ateo: el Dios del monoteísmo es una creación tan humana (nacida, seguramente, de la propia filosofía) como puedan serlo los dioses egipcios o los aztecas.



Aun así, el creyente es muy libre de creer lo que estime oportuno. Yo ya lo sabía sin que hiciera falta que me lo dijera Mark Twain:



«No hay algo tan grotesco y tan increíble que el hombre corriente no pueda creer» [Reflexiones, Tercero].



Y de creerlo, justamente, porque, acaso de tan absurdo como resulta, quizá sea verdad. O de apelar a la autoridad de Tomás de Aquino y argumentar que no existen tales absurdos ni contradicciones, sino únicamente un entendimiento limitado como el nuestro que no es capaz de entender. Y a mí, particularmente, su creencia me trae enteramente sin cuidado y me resulta del todo respetable, siempre que, a mí vez, pueda esperar de él un respeto similar. Pero, en lo que a mí respecta, incluso dejando otros argumentos a un lado, el ateísmo lógico que he tratado de exponer, me sobra y me basta para convencerme de la falsedad de aquello en lo que yo tampoco creo.
Un espacio para dudar. Ateos, agnósticos, escépticos. Reflexión, ensayo, debate. Arte y literatura. Humanismo secular.

Ateísmo: causas y consecuencias (versión 1940)

Ateísmo: causas y consecuencias (versión 1940):


Los años 40 del régimen franquista fueron los más duros en cuanto a represión e imposición de su ideología, fueron los “años del miedo” tal y como los definió Juan Eslava Galán en su estupenda obra. La década empezó con un apoyo manifiesto a la Alemania nazi, para darle más tarde la espalda a ésta cuando quedó claro que los aliados iban a ganar la guerra. Lo que no cambió fue el estado nacionalcatólico definido por una imposición del fascismo y del catolicismo como banderas del estado.
Criticar tanto al sistema político español como al catolicismo implicaba, como mínimo, acabar en la cárcel. Cárceles donde se imponía un sistema de “reeducación” en valores amparado por la iglesia. De igual forma la única enseñanza posible era la educación católica donde se dejaba bien claro lo que se pensaba de aquellos que no comulgaban con su credo. Los libros de religión de la época no dan lugar a engaños. Así en la obra “Apologética elemental” (1947) de la editorial Edelvives, que se empleaba como libro de educación religiosa, se daban las siguiente causas para que una persona “cayera” en el ateísmo:
La ignorancia religiosa: falta de estudios en materia religiosa.
En general, en la España de esa época se podía hablar de ignorancia a secas, ya que hasta la llegada de la II República no se hizo un serio esfuerzo por alfabetizar el país. Pero hasta pocos años antes, las únicas instituciones autorizadas para educar eran las religiosas, de ahí el altísimo número de seminarios y seminaristas existentes, por lo que esa afirmación echa piedras sobre su propio tejado.

Posteriormente hacen suyas unas palabras de Voltaire para indicar el camino que le espera a un ateo:
El ateísmo es el vicio de los tontos; es una doctrina que ha sido inventada en las últimas sucursales del infierno. El ateísmo especulativo es la necia de las locuras; y el práctico, el mayor de los crímenes
Obvian decir, como no, que Voltaire no opinaba esto, sino que, según Voltaire, eso sería lo que opinaría todo aquel que viese al ateo como una amenaza, en concreto pone este comentario en boca de un príncipe. Voltaire se caracterizó el respeto hacia las ideas de aquellos que piensan diferente de uno mismo, algo poco extendido, desgraciadamente.
La entrega a pasiones como el sensualismo, el orgullo. Curiosamente esta razón es la misma que la que manejan los fundamentalistas evangélicos sois ateos para poder pecar. Aquí hacen suyas las palabras de La Bruyeres para demostrar la depravación del ateísmo:
Quisiera ver a un hombre sobrio, moderado, casto, justo, negando la existencia de Dios: es tal, por lo menos, hablaría sin interés; pero un individuo así no se encuentra
.
Una vez “analizadas” las causas del ateísmo, se sumerge en sus consecuencias, advirtiendo lo que les puede pasar si a pesar de todo persisten en la no enmienda:
Destruye la moral. Esta idea sigue vigente, la idea de que la moral sólo puede emanar de una creencia religiosa, que sin ella no se puede construir un sistema de valores, como si los sistemas de valores de las religiones no hubiesen sido creadas por seres humanos… Pero la clave la tenemos en la explicación de este punto:
la ley, la autoridad humana y aún la misma ciencia no son suficientes, por sí solas, para decidir al hombre a que practique la moral; se precisa de una sanción, y no una cualquiera, sino eterna.
Ah, es eso, sin la amenaza de la llama eterna el humano no es moral. Sólo mediante la educación basada en un castigo eterno se llega a ser un individuo moral…. ¡qué poca imaginación a la hora de inculcar valores!
Imposibilita la existencia de la sociedad: Si Dios no existe, ¿para qué obedecer a las leyes, respetar a los demás, practicar la justicia, la caridad y las virtudes sociales?.
Esto viene de toda una declaración de principios: “Si no hubiese una sanción eterna, ¿para qué practicar el bien?”. Aquí se nos muestra el pánico que sienten a alguien que afirme que el castigo eterno no es más que un mito, un mecanismo de control. Dado que ellos sólo pueden concebir la moralidad en base a su creencia, si ésta flojea se les cae todo su castillo de naipes. De ahí que para salvaguardar el castigo eterno primero lo aseguren mediante castigos terrenales a los disidentes.
Quita todo consuelo en las penalidades de esta vida. Según este punto una persona que no cree no puede obtener jamás consuelo. De hecho:
ante los mayores sufrimientos no bastan las amorosas palabras de los amigos o las vanas promesas de los filósofos; se precisa el consuelo de un Dios que preocupa por los que sufren, trabajan y esperan a Él
Si sólo el dios católico da consuelo, 3/4 partes de la humanidad son incapaces de obtenerlo, a menos claro que hayan encontrado otro mecanismo de obtenerlo, pero ¡un momento! que esto no trascienda.


Tras este divertido análisis sobre las causas y las consecuencias del ateísmo añade: “parece que el número de ateos debería ser muy crecido y, sin embargo, fuera de alguno que otro oscuro autor de la antigüedad, su historia es muy breve”. Cachondo decir esto en un estado de sitio religioso-militar continuo (basta ver la historia de Occidente), ¡lo admirable es que haya llegado la obra de alguno de ellos hasta nosotros!
El capítulo dedicado al ateísmo se cierra con una clasificación de sus tipos. No quiero cansar con tanta demencia, pero sí presentaros uno que me ha llamado la atención: el transformismo. No tiene nada que ver con los transexuales, sino que lo definen como
es el error de los que pretender explicar con exclusión de Dios, el origen y variedades actuales de los seres vivos por medio de mutaciones de unas especies a otras.
Ramalazo creacionista en toda regla, ramalazo que a veces se escapa también a los jerarcas del catolicismo en cuanto hay un micrófono encendido de incógnito cerca de ellos.
Esta fue la enseñanza religiosa del momento, intolerancia desde el poder, sometimiento o castigo. Y esta forma de pensar era toda una ideología donde la españolidad y el catolicismo debían de conquistar el mundo. Baste leer cómo se presentaba esa idea en los libros de Formación del Espíritu Nacional:
- A España le ha cabido el honor y la enorme responsabilidad de haber sido designada por Dios para cumplir uno de los destinos en la Historia de la Humanidad
- Por su sentido de Catolicidad, de Universalidad, ganó España al mar y a la barbarie continentes desconocidos. Los ganó para incorporar a quienes los habitan a una empresa universal de salvación (José Antonio Primo de Rivera: Puntos iniciales de la Falange).
- Nuestro destino misionero y nuestra vocación son ecuménicos, universales y lo mismo se cumplieron en la Roma de Teodosio que en los Concilios Toledanos, en Granada como en Mülhberg o en las ignotas regiones del continente americano, en donde los misioneros y conquistadores españoles ganaron para Dios y para la Iglesia Católica más almas que nación alguna pueda ganar jamás en el mundo. Nuestro destino no estará totalmente cumplido mientras exista un pueblo, una nación o un hombre que necesite de nuestra influencia para conseguir el fin eterno que Dios le ha señalado.
- En el orden sobrenatural, el destino español se caracteriza por la defensa y propagación de los valores espirituales de la religión católica.
- En la psicología del pueblo español, la fe religiosa, cristiana, católica, está tan indisolublemente unida y fundida con el sentimiento nacional, que no le es nada fácil al español ser español y no ser cristiano (Garcia Morente en “Idea de Hispanidad”).
- La religiosidad es un sentimiento innato en los españoles que se manifiesta desde los primeros tiempos de nuestra Historia con la adoración que prestaban los antiguos iberos a las fuerzas naturales: el Sol, la Luna, etc. Este sentimiento constituye la esencia de los españoles, que siempre intuyó un poder superior, hasta el punto de que Séneca, el más fiel intérprete del sentir español anterior al Cristianismo, podría tomarse como un apóstol más si tuviera el misticismo de nuestra religión.
- Nuestro catolicismo es algo más que una visión ecuménica, universalista, humana. Es la proclamación de una jerarquía de valores que antepone el orden espiritual a cualquier otra instancia y que da a la vida humana un sentido trascendente, inspirado en las más puras normas evangélicas de respeto a la dignidad el hombre.
Algunas de las personas responsables de estado policial-católico siguen entre nosotros, y otros más jóvenes se han apuntado a él. Ante las críticas hacia esta mentalidad se pide respeto, y no hacerlo les parece un acto de intolerancia. Un poquito de memoria por favor.
Referencia: Aurelio Rodrigo Sospedra. Formación del Espíritu Nacional (1956) Delegación Nacional del Frente de Juventudes. Con aprobación de Ramiro López Gallego (censor) y José María –no da apellido- (Obispo Auxiliar, Vicario General). Ed. Gior.

Juan Pablo II: las virtudes del beato (A231)

Juan Pablo II: las virtudes del beato (A231):
Juan Pablo II junto a un político católico chileno
Karol Józef Wojtyła, conocido mundialmente como Juan Pablo II, va a ser beatificado por la Iglesia Católica este domingo 1º de mayo. Este reconocimiento significa que Wojtyła será a partir de entonces “beato”, bendito especialmente por Dios.


Poco habría que agregar a esto si se tratase de una ceremonia interna a la Iglesia. Pero como Juan Pablo II fue popular (y también, especialmente, popularizado) como defensor de grandes causas y valores que exceden el catolicismo, es quizá ilustrativo para nosotros, los no creyentes, pararnos a ver qué tanto revuelo causó esta persona excepcional. Que lo fue, sin duda: un actor en su juventud, atleta hasta su madurez, admirable políglota, alto dignatario de la monarquía más antigua del planeta, viajero incansable y carismático propalador de doctrina.


Los católicos de derecha le celebran haber sido fundamental en la caída del comunismo ateo en su Polonia natal y en Europa del Este en general, mérito sin duda exagerado, y la reafirmación de la doctrina dura sobre el lugar de la familia cristiana como procreadora incansable y sin recurso a la anticoncepción. Los de izquierda, o al menos, los de esa mescolanza ideológica y teológica que se llama a sí mismo catolicismo progresista o de izquierda, le reconocen su ecumenismo y su apertura a la diversidad religiosa del mundo. Cada campo odia y olvida (en ese orden) lo que le agrada al otro.


Juan Pablo II con Marcial Maciel
La derecha tiene menos trabajo, hay que decirlo, ya que por mucho ecumenismo que mostrara Juan Pablo II, fue él quien suscribió la declaración Dominus Iesus, de la pluma de su teólogo favorito, Joseph Ratzinger, reafirmando la doctrina de que sólo la pertenencia a la Iglesia Católica y la sumisión a su jerarquía garantiza la salvación (Dios hará excepciones, si quiere, pero nada lo asegura). El creyente conservador occidental también debe perdonarle su rechazo a la pena de muerte y a la invasión de Iraq, cosa que no es demasiado difícil dado que dicho rechazo no fue acompañado de directivas doctrinales, por lo que ningún católico de los muchos que participaron en la matanza de iraquíes se dio por aludido. Los demás deben olvidar su apoyo al siniestro Opus Dei y la canonización de su fundador, su inacción ante los casos de pederastia y abuso infantil en el clero (incluyendo la protección de su amigo el abusador serial, extorsionador y plagiario Marcial Maciel), y por supuesto toda su trayectoria en contra de los derechos sexuales y reproductivos, desde la prohibición absoluta del uso de preservativos (causa de incontables infecciones por HIV) hasta la reafirmación de la doctrina absoluta contra el aborto, junto con su apoyo a los gobiernos conservadores que implementaban esas políticas (como el del presidente argentino Carlos Menem, impulsor del Día del Niño por Nacer y condecorado por el Vaticano mientras el país, bajo un gobierno ultracorrupto, se sumía en una pobreza inenerrable).


De todas formas, parece ser que nada de esto cuenta para la beatificación de Juan Pablo II. Siguiendo su larga tradición de valorar los rasgos que alientan la fe y la devoción en lo sobrenatural más que las meras acciones reales en el mundo físico, la Iglesia no cuenta con los méritos de Juan Pablo II sino que requiere, para empezar, que haya hecho milagros: al menos uno para ser beatificado, al menos dos para ser canonizado como santo. Dado que los milagros son fáciles de encontrar cuando uno los busca y desea hallarlos, a los dos meses de la muerte del papa polaco una monja francesa que le había rezado se curó, según los médicos católicos, del mal de Parkinson que supuestamente padecía hasta entonces. Podemos estar seguros, mis queridos lectores, de que Juan Pablo II es un santo y de que el segundo milagro necesario para certificarlo será descubierto pronto. Aunque no demasiado pronto: el millón de personas que van a ir a gastar su dinero a Roma este fin de semana necesitarán tiempo para recuperarse y juntar más dinero.


Tengo pensado escribir alguna cosita más sobre el futuro beato. Entretanto, más para leer:

La improbabilidad de Dios – Richard Dawkins

La improbabilidad de Dios – Richard Dawkins:
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La gente hace muchas cosas en nombre de Dios. Los irlandeses se vuelan los unos a los otros en su nombre. Los árabes se vuelan en su nombre. Los imames y los ayatolás oprimen a la mujer en su nombre. Los papas y sacerdotes en celibato trastornan la vida sexual de la gente en su nombre. Los shohets judíos le rajan la garganta a los animales en su nombre. Los logros de la religión en la historia (las sangrientas cruzadas, los inquisidores torturadores, los conquistadores genocidas, los misioneros destructores de culturas, la resistencia impuesta legalmente a toda verdad científica hasta el último momento) son aun más impresionantes. ¿Y a qué ha ayudado todo esto? Creo que está quedando cada vez más claro que la respuesta es absolutamente a nada. No hay razón para creer en la existencia de ningún tipo de dios, y buenas razones para creer que no existen y nunca han existido. Todo ha sido una enorme pérdida de tiempo y de vidas. Sería un chiste de proporciones cósmicas si no fuera tan trágico.



¿Por qué cree la gente en Dios? Para la mayoría de la gente, la respuesta es todavía una versión del antiguo Argumento del Diseño. Contemplamos la belleza y la complejidad del mundo: el aerodinámico batir del ala de una golondrina, la delicadeza de las flores y de las mariposas que las fertilizan, la hormigueante vida existente en una gota de agua de estanque a través de un microscopio, la copa de una secuoya gigante a través de un telescopio. Nos reflejamos en la complejidad electrónica y la perfección óptica de nuestros propios ojos, que son los que miran. Si tenemos algo de imaginación, estas cosas nos llevan a un sentimiento de respeto y reverencia. Por otra parte, no podemos dejar de impresionarnos por la obvia semejanza entre los organismos vivientes y los diseños cuidadosamente planificados de los ingenieros humanos. Este argumento fue expresado en la famosa analogía del relojero del sacerdote del siglo XVIII William Paley. Aunque no supieras lo que es un reloj, el carácter obviamente diseñado de sus ruedas dentadas y muelles, y de cómo se engranan para un propósito, te forzarían a concluir “que el reloj debe tener un hacedor: que tiene que haber existido, alguna vez, y en algún lugar, un inventor o inventores que lo construyeron para el propósito que le encontramos; que comprendían su construcción, y diseñaron su uso.” Si esto es cierto para un reloj relativamente simple, ¿cuánto más lo será para el ojo, el oído, el riñón, el codo y el cerebro? Estas estructuras bellas, complejas, intrincadas y con un propósito obvio tienen que tener su propio diseñador, su propio relojero (Dios).
Así decía el argumento de Paley, y es un argumento que casi todas las personas pensativas y susceptibles acaban por descubrir en algún momento de su infancia. A lo largo de casi toda la historia, debe haber sido una verdad completamente convincente y autoevidente. Y ahora, como resultado de una de las revoluciones intelectuales más sorprendentes de la historia, sabemos que es falso, o al menos superfluo. Sabemos que el orden y el aparente propósito del mundo viviente ha aparecido mediante un proceso completamente distinto, un proceso que trabaja sin necesidad de ningún diseñador y que básicamente es consecuencia de unas leyes físicas muy simples. Es el proceso de la evolución por selección natural, descubierto por Charles Darwin e, independientemente, por Alfred Russel Wallace.
¿Qué tienen en común todos los objetos que parecen haber tenido un diseñador? La respuesta es su improbabilidad estadística. Si encontramos una piedra transparente pulida en forma de lente por el mar, no concluimos que debe haberla diseñado un óptico: las leyes físicas pueden lograr este resultado sin ayuda; no es tan improbable que simplemente “haya ocurrido”. Pero si encontramos una lente compuesta, corregida cuidadosamente contra la aberración esférica y cromática, con un filtro para la luz brillante, y con las palabras “Carl Zeiss” grabadas en la montura, sabemos que no puede haber aparecido por casualidad. Si coges todos los átomos de la lente compuesta y los juntas al azar bajo la influencia de las leyes de la física, es teóricamente posible que, por pura casualidad, los átomos formen el patrón de una lente compuesta de Zeiss, e incluso que los átomos de alrededor de la montura queden de manera que aparezca grabado el nombre de Carl Zeiss. Pero el número de otras posibilidades en las que podrían quedar los átomos es tan enorme, vasto e inconmensurablemente grande que podemos despreciar completamente la hipótesis de la casualidad. La casualidad no cuenta como explicación.
Por cierto, esto no es un argumento circular. Puede parecer circular porque se podría decir que cualquier disposición de los átomos es muy improbable. Como se ha dicho con anterioridad, cuando una bola cae sobre una hoja de césped particular en un campo de golf, sería absurdo exclamar: “De todos los miles de millones de hojas de césped en los que podría haber caído, la bola ha caído justamente sobre ésta. ¡Qué asombrosa y milagrosamente improbable!” Aquí la falacia es, por supuesto, que la bola tenía que caer en alguna parte. Sólo podemos asombrarnos de la improbabilidad del suceso si lo especificamos a priori: por ejemplo, si un hombre con los ojos vendados gira sobre sí mismo en el tee, golpea la bola al azar, y logra un hoyo en uno. Eso sería realmente asombroso, porque el objetivo de la bola se especifica de antemano.
De los trillones de formas que hay de juntar los átomos de un telescopio, sólo una minoría funcionaría realmente de manera útil. Sólo una pequeña minoría tendría el nombre de Carl Zeiss grabado, o, de hecho, cualquier palabra de cualquier lenguaje humano. Ocurre lo mismo con las piezas de un reloj: de todos los miles de millones de formas que hay de juntarlas, sólo una pequeña minoría dará la hora o hará algo útil. Y, por supuesto, lo mismo ocurre, a posteriori, con las partes de un cuerpo viviente. De las trillones de trillones de maneras que hay de juntar las partes de un cuerpo, sólo una minoría infinitesimal podría vivir, buscar comida, comer y reproducirse. Cierto, hay muchas formas de estar vivo (al menos diez millones de formas si contamos el número de especies distintas que hay en la actualidad) pero, haya las formas que haya de estar vivo, ¡es seguro que hay muchísimas más formas de estar muerto!
Podemos concluir con seguridad que los seres vivos son demasiado complicados (demasiado improbables estadísticamente) para que hayan aparecido por pura casualidad. ¿Cómo, pues, han aparecido? La respuesta es que la casualidad tiene que ver en esta historia, pero no un acto individual y monolítico de casualidad. En cambio, se ha dado uno tras otro en secuencia, una larga sucesión de pequeños pasos casuales, cada uno lo suficientemente pequeño para que sea un producto creíble de su predecesor. Estos pequeños pasos de casualidad están causados por las mutaciones genéticas, cambios al azar (errores de hecho) en el material genético. Estos cambios producen alteraciones en la estructura del cuerpo. La mayoría de estos cambios son letales y llevan a la muerte. Una minoría de ellos resultan ser ligeras mejoras, que llevan a un aumento de la supervivencia y la reproducción. A través de este proceso de selección natural, esos cambios azarosos que resultan ser beneficiosos acaban por extenderse en la especie y se convierte en la norma. La escena queda ahora a la espera de otro pequeño cambio en el proceso evolutivo. Después de, digamos, un millar de estos pequeños cambios, cada uno de los cuales proporciona la base para el siguiente, el resultado final se ha hecho, por proceso de acumulación, demasiado complejo para que haya aparecido en un acto individual de casualidad.
Por ejemplo, es teóricamente posible que aparezca, de un simple golpe de suerte, un ojo de la nada: digamos de la piel desnuda. Es teóricamente posible en ese sentido que la receta se haya escrito en la forma de un gran número de mutaciones. Si todas estas mutaciones ocurrieran simultáneamente, podría aparecer un ojo de la nada. Pero, aunque es teóricamente posible, es inconcebible en la práctica. La cantidad de suerte implicada es demasiado grande. La receta “correcta” implica cambios en un número enorme de genes simultáneamente. La receta correcta es una combinación particular de cambios entre trillones de combinaciones de cambios igualmente probables. Podemos descartar con seguridad una coincidencia tan milagrosa. Pero es perfectamente plausible que el ojo moderno haya aparecido a partir de algo casi igual al ojo moderno pero no del todo: un ojo un poquito menos elaborado. Con el mismo argumento, este ojo un poquito menos elaborado apareció a partir de un ojo un poquito menos elaborado aún, etcétera. Si suponemos un número suficientemente grande de diferencias suficientemente pequeñas entre cada etapa evolutiva y su predecesora, podemos derivar un ojo complejo a partir de la piel desnuda. ¿Cuántas etapas intermedias podemos postular? Eso depende de con cuánto tiempo podemos tratar. ¿Ha habido suficiente tiempo para que se desarrollen ojos de la nada mediante pequeños pasos?
Los fósiles nos dicen que la vida se ha desarrollado en la Tierra desde hace más de 3.000 millones de años. Es casi imposible para un hombre imaginar una cantidad de tiempo tan inmensa. Natural y afortunadamente, tendemos a percibir nuestra propia vida como un periodo de tiempo bastante largo, aunque raramente vivamos un siglo. Hace 2.000 años que vivió Jesucristo, un periodo de tiempo suficientemente largo para confundir la diferencia entre historia y mito. ¿Puedes imaginar un millón de veces ese periodo? Supón que queremos escribir toda la historia en un largo rollo de papel. Si metiéramos toda la Historia en un metro de rollo, ¿cuánto ocuparía la parte del rollo destinada a la Prehistoria, desde el principio de la evolución? La respuesta es que la parte del rollo dedicada a la Prehistoria se extendería desde Milán a Moscú. Piensa en las implicaciones que esto tiene en la cantidad de cambio evolutivo que cabría en todo ese tiempo. Todas las razas domésticas de perro (pekineses, perros de lanas, perros de aguas, San Bernardos y Chihuahuas) han surgido a partir de lobos en un periodo de tiempo que se mide en cientos o como mucho miles de años: no más de dos metros en el trayecto de Milán a Moscú. Piensa en la cantidad de cambio implicado en el tránsito de un lobo a un pekinés; ahora multiplica esa cantidad de cambio por un millón. Si lo miras de esa manera, parece más fácil creer que un ojo puede desarrollarse de la nada poco a poco.
Se hace necesario para satisfacer nuestra existencia que todas las partes intermedias en la ruta evolutiva, digamos desde la piel desnuda hasta el ojo moderno, tienen que haberse favorecido por la selección natural; haber sido una mejora con respecto a su predecesor en la secuencia o al menos haber sobrevivido. No tiene sentido pensar que teóricamente existe una cadena de partes intermedias casi imperceptiblemente diferentes, si muchos de esos individuos intermedios han muerto. A veces se arguye que las partes de un ojo tienen que estar todas presentes o el ojo no funcionaría en absoluto. Medio ojo, dice el argumento, no es mejor que ningún ojo. No puedes volar con medio ala; no puedes oír con medio oído. Por tanto no puede haber existido una serie de partes intermedias hasta el ojo, ala u oído modernos.
Este tipo de argumento es tan ingenuo que uno sólo puede preguntarse cuáles son los motivos subconscientes para querer creer en él. Es obviamente falso que medio ojo sea inútil. Los que padecen de cataratas cuyos cristalinos han sito extirpados quirúrgicamente no ven bien sin gafas, pero están mucho mejor que la gente que no puede ver nada. Sin cristalino no puedes enfocar detalladamente una imagen, pero puedes evitar chocar con obstáculos y detectar la sombra amenazante de un depredador.
Con respecto al argumento de que no se puede volar con medio ala, es refutado por un gran número de animales planeadores, incluyendo a mamíferos de muchos tipos, lagartos, ranas, serpientes y calamares. Muchos tipos distintos de animales arbóreos tienen membranas de piel entre sus articulaciones que son realmente medio alas. Si te caes de un árbol, cualquier membrana de piel o aplanamiento del cuerpo que aumente el área de tu superficie puede salvarte la vida. Y, sean como sean de grandes tus membranas, siempre tiene que haber una altura crítica tal que, si te caes de un árbol desde esa altura, habrías salvado la vida con sólo un poquito más de superficie. Entonces, cuando tus descendientes hayan desarrollado esa superficie extra, podrán salvar sus vidas con sólo un poquito más de superficie, si se caen de un árbol a una altura ligeramente superior. Y así, mediante una sucesión imperceptiblemente gradual de pasos, cientos de generaciones después, aparecen alas completas.
Los ojos y las alas no pueden aparecer de una vez. Eso sería como tener la casi infinita suerte de dar con la combinación que abre la caja fuerte de un gran banco. Pero si giras las ruedas de la cerradura al azar, y cada vez que te acercas un poco al número afortunado la puerta de la caja fuerte hace un crujido, ¡no tardarías en abrir la puerta! Esencialmente, ése es el secreto de cómo la evolución por selección natural logra lo que antes parecía imposible. Las cosas que no pueden derivarse plausiblemente de predecesores muy diferentes pueden derivarse plausiblemente de predecesores sólo ligeramente diferentes. Teniendo una serie suficientemente larga de predecesores ligeramente diferentes, podemos derivar cualquier cosa a partir de cualquier otra cosa.
La evolución, pues, es teóricamente capaz de hacer el trabajo que, érase una vez, parecía ser una prerrogativa de Dios. Pero ¿existe alguna prueba de que la evolución haya existido realmente? La respuesta es sí; las pruebas son abrumadoras. Se encuentran millones de fósiles exactamente en el sitio y exactamente a la profundidad que deberíamos esperar si la evolución fuese cierta. No se ha encontrado ni un solo fósil en un lugar donde la evolución no sea capaz de explicarlo, aunque esto podría haber pasado fácilmente. Un fósil de mamífero en rocas tan antiguas que los peces aún no habían aparecido, por ejemplo, sería suficiente para refutar la teoría de la evolución.
Los patrones de distribución de los animales y plantas en los continentes e islas del mundo es exactamente lo que esperaríamos si se hubieran desarrollado a partir de ancestros comunes mediante un proceso lento y gradual. Los patrones de semejanza entre los animales y plantas es exactamente lo que deberíamos esperar si algunos fueran primos entre ellos, y otros fueran primos más distantes. El hecho de que el código genético sea el mismo en todas las criaturas vivientes sugiere abrumadoramente que todas son descendientes de un único ancestro. La evidencia de evolución es tan convincente que la única manera de salvar la teoría de la creación es suponer que Dios colocó deliberadamente enormes cantidades de pruebas para hacer que pareciese que la evolución fuese real. En otras palabras, los fósiles, la distribución geográfica de los animales, etcétera, son todos un gigante truco de timador. ¿Alguien quiere adorar a un Dios capaz de tal fraude? Es seguro mucho más reverente, y más sensato científicamente , aceptar el significado literal de la evidencia. Todos los seres vivos son primos unos de otros, descendientes de un ancestro remoto que vivió hace más de 3.000 millones de años.
El Argumento del Diseño ha sido pues destruido como razón para creer en Dios. ¿Hay muchos más argumentos? Algunos creen en Dios por lo que dicen es una revelación interior. Tales revelaciones no son siempre edificantes pero parecen sin duda reales al individuo implicado. Muchos habitantes de manicomios tienen la fe interior de que son Napoleón o Dios mismo. El poder de esas convicciones es indudable para los que las tienen, pero esto no es razón para que el resto de nosotros les creamos. De hecho, ya que esas creencias son mutuamente contradictorias, no las creemos en absoluto.
Hay algo más que debe decirse. La evolución por selección natural explica muchas cosas, pero no pudo empezar de la nada. No podría haber empezado hasta que apareciese algún tipo de reproducción y herencia. La herencia moderna está basada en el código del ADN, que es de por sí demasiado complicado para que apareciese espontáneamente mediante una casualidad individual. Esto parece significar que tuvo que haber existido un sistema hereditario anterior, ahora desaparecido, que era lo suficientemente simple para que apareciese por casualidad por las leyes de la química, y que proporcionó el medio en el que pudo dar comienzo una forma primitiva de selección natural acumulativa. El ADN fue un producto posterior de esta selección acumulativa. Antes de esta original forma de selección natural, hubo un periodo en el que los compuestos químicos se formaron a partir de elementos más simples, siguiendo las conocidas leyes de la física. Antes de eso, todo fue construido a partir del hidrógeno puro como consecuencia inmediata del big bang, el suceso que inició el universo.
Existe la tentación de argumentar que, aunque Dios puede no ser necesario para explicar la evolución de orden complejo una vez que el universo comenzó con sus leyes fundamentales de la física, sí necesitamos a Dios para explicar el origen de todas las cosas. Esta idea no le deja mucho trabajo a Dios: sólo hizo estallar el big bang, se sentó y esperó a que pasara todo. El físico-químico Peter Atkins, en su libro maravillosamente escrito La Creación, postula un Dios perezoso que se esforzó por hacer lo menos posible para iniciarlo todo. Atkins explica cómo todo suceso en la historia del universo resulta, por simple ley física, de su predecesor. Así reduce el trabajo que el perezoso creador necesitaría realizar y finalmente concluye que, de hecho, ¡no habría necesitado hacer nada en absoluto!
Los detalles de la etapa primordial del universo pertenecen al reino de la física, mientras que yo soy un biólogo, más relacionado con las etapas posteriores de la evolución de la complejidad. Para mí, la cuestión importante es que aunque el físico necesite postular un mínimo irreductible que tuvo que estar presente en el inicio, para que el universo pudiera comenzar, ese mínimo irreductible es ciertamente extremadamente simple. Por definición, las explicaciones que surgen de premisas simples son más plausibles y más satisfactorias que las explicaciones que tienen que postular comienzos complejos y estadísticamente improbables. ¡Y es difícil conseguir algo más complejo que un Dios Todopoderoso!
Traducción de Gabriel Rodríguez Alberich.


Las mujeres cristianas (católicas o protestantes) ignoran la “moral sexual religiosa”

Las mujeres cristianas (católicas o protestantes) ignoran la “moral sexual religiosa”: Según un informe que hoy ha dado a conocer Guttmacher Institute [PDF], las mujeres estadounidenses emplean anticonceptivos como norma, independientemente de cuál sea su afiliación religiosa. Este estudio, basado en una muestra de 7.536 mujeres entre 15 y 44 años, destruye el mito de que las fuertes creencias religiosas son un obstáculo real a los métodos "no naturales" de planificación familiar.

Los autores piensan que el trabajo tiene consecuencias para las políticas públicas si los gobernantes desean adecuarse a las verdaderas necesidades de la población, con independencia de las ideologías de las jerarquías religiosas, tan drásticamente apartadas de la realidad: "El nuevo informe muestra que la oposición a la contracepción por parte de la jerarquía católica y otras organizaciones socialmente conservadoras no se refleja en los comportamientos reales y en las necesidades de salud de las mujeres católicas o evangélicas". Entre otros hallazgos, el estudio muestra que "Entre todas las mujeres que han practicado sexo, el 99% han usado métodos contraceptivos distintos de la planificación familiar natural" y que estos datos son virtualmente los mismos entre las mujeres católicas (98%).

En resumidas cuentas, una evidencia más que confirmaría la intuición de Holbach y otros pioneros críticos sobre la impracticabilidad de la moral religiosa (o al menos sobre lo poco dispuestas que están las personas para practicarla). Con independencia de las creencias de los ideólogos, los hechos siempre terminan desmintiendo que las necesidades reales, de acuerdo con la ética de la tierra, coincidan con los utópicos, impracticables y muchas veces perturbadores mandatos de la "moral religiosa".


Catecismo de la iglesia católica (2370):

La continencia periódica, los métodos de regulación de nacimientos fundados en la autoobservación y el recurso a los períodos infecundos (HV 16) son conformes a los criterios objetivos de la moralidad. Estos métodos respetan el cuerpo de los esposos, fomentan el afecto entre ellos y favorecen la educación de una libertad auténtica. Por el contrario, es intrínsecamente mala ‘toda acción que, o en previsión del acto conyugal, o en su realización, o en el desarrollo de sus consecuencias naturales, se proponga como fin o como medio, hacer imposible la procreación’.

La escala de Raglan: Jesús, tan solo otro arquetipo de héroe mítico clásico.

La escala de Raglan: Jesús, tan solo otro arquetipo de héroe mítico clásico.:
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Como cualquier héroe mitológico, el semidiós del judeocristianismo (Jesús) tan solo es otro arquetipo común en todas las narraciones religiosas consideradas ahora como simples mitos. Los autores de los evangelios, lejos de narrar la historia de un hombre real, copiaron la imagen idílica del héroe clásico para usarlo como ejemplo de líder a seguir. Este líder inspirado en las narraciones grecorromanas dio autoridad a estos religiosos como sucesores legítimos a este y les convirtió en lideres de un grupo que posiblemente adoraba a otro héroe mítico que supuestamente había vivido siglos atrás (El Maestro de justicia de la secta esenia a la que muy probablemente Juan el bautista pertenecía). Pablo posiblemente dio nombre a este Maestro de Justicia alegando que este se le había aparecido y al cual los autores evangélicos dotaron de vida incorporándole toda una serie de cualidades que este debía poseer (todas muy conocidas para esos autores).
Para los que todavía no sepan lo que es un mito y crean que su ídolo imaginario supuestamente muerto hace aproximadamente 2000 años es único.

Nota: Las imágenes de la portada son el claro ejemplo de como evolucionó la imagen (o aspecto) de un personaje mítico basado en el dios helenístico. En todas ellas se representa a Jesús.
  • La primera es del siglo III (El Buen Pastor. En el techo de la catacumba de San Calisto) y aparece este personaje como el típico héroe clásico griego imberbe.
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A ella se le puede sumar este Mosaico del mismo siglo en las grutas vaticanas debajo de la Basílica de San Pedro. En el se representa a Jesús como el dios-sol (Helios/Sol Invictus) montando su carro.
  • La segunda es del siglo IV (Pintura mural de la catacumba de Comodilla) y en ella, probablemente gracias a los cambios producidos por el primer concilio de Nicea (Jesús es considerado también deus/dios), se introduce por primera vez a un Jesús con el aspecto del dios Zeus.
  • La tercera es del siglo VI (Monasterio de Santa Catalina del Monte Sinaí) y en ella se puede observar como al occidentalizarse el cristianismo se busca una imagen más acorde con este hecho.

¿Quién fue Raglan?
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Fitzroy Richard Somerset, IV barón de Raglan (10 de junio 1885 a 1964), fue el bisnieto del famoso FitzRoy Somerset, Primer barón de Raglan de Guerra de Crimea, asistió a los colegios Eton (Eton College) y Sandhurst (Royal Military Academy Sandhurst) antes de entrar en el ejército británico. Se incorporó a la Guardia de Granaderos prestando servicio en Hong Kong, África del Norte y Palestina, y llegando a alcanzar el rango de comandante.
De 1913 a 1918 prestó servicio en el sur de Sudán, donde se interesó por la antropología cultural, en particular de la etnia Lotuko (etnia del sur de ese país). Como lingüista, adquirió fluidez en árabe y produjo el primer diccionario Lotuko-Inglés. Una grave enfermedad en 1914 impidió su asignación al peligroso frente occidental en la Primera Guerra Mundial haciendo que permaneciera en el Medio Oriente .
Tras la muerte de su padre en 1921 se retiró del servicio y volvió a su hogar ancestral, Cefntilla Court (Monmouthshire). Convirtió el terreno en una granja y fue un hábil carpintero, albañil y apicultor . Empezó a interesarse por los asuntos locales y comenzó a estudiar y escribir en áreas tan diversas como la antropología, las ciencias políticas y la arquitectura .
Publicó su primer libro, de La delincuencia Yocasta en 1933 y El héroe en 1936. Trabajando independientemente de la comunidad académica, llevó a cabo pocas investigaciones originales pero provocó nuevas líneas de razonamiento en la síntesis de los trabajos de becarios. Mantuvo correspondencia ampliamente con los académicos y participó en numerosas asociaciones profesionales aunque nunca ejerció ni obtuvo ningún grado académico. Ostentó el cargo como presidente de la Sociedad de Folk Lore (Folk Lore Society), la Sección H de la Asociación Británica para el Avance de la Ciencia (British Association for the Advancement of Science), del Instituto Real de Antropología (Royal Anthropological Institute) y muchas otras organizaciones.
Su franqueza e implacable escepticismo le hizo ganar tanto admiradores como detractores. Siendo él mismo un aristócrata, a menudo  afirmaba que “no existe tal cosa como un pedigrí Normando“, y le gustaba señalar que muchas leyendas locales no podrían ser históricamente ciertas. Creía que Shakespeare era en realidad un sindicato de media docena de escritores y que el propio Shakespeare solo escribía las partes cómicas de las obras. En 1934 creó un gran revuelo en una reunión de la Asociación Británica al declarar que en los estadounidenses blancos y negros finalmente se fusionarían en una sola raza. En 1959, despertó la furia del Partido Nacionalista Galés declarando que el galés era “una lengua moribunda” y acusó a los nacionalistas de intentar crear un “pasado druida ficticio.” Hizo caso omiso de las llamadas posteriores a su renuncia al cargo de Señor Teniente de Monmouthshire y presidente del Museo Nacional de Gales .
Hasta su muerte a los 79 años en 1964, se mantuvo como una figura imponente con un porte y andar marcial. Fue enterrado en la parcela familiar en Llandenny .

“El héroe: un estudio de Tradición, Mito y Drama”
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El héroe, un estudio de Tradición, Mito y Drama (The Hero, A Study in Tradition, Myth and Drama) fue publicado en 1936. La tesis central del libro es que la figura del “héroe” de la mitología tiene su origen en el ritual dramático, no en un hecho histórico. El capitulo más influyente del libro es en el que describió las 22 características comunes de los dioses-héroes.

Las 22 características (La escala de Raglan)
Tomando los atributos de Edipo como modelo básico y teniendo en cuenta a otros héroes, creó esta escala de 22 rasgos:
  1. La madre del héroe es una virgen de sangre real.
  2. Su padre es un rey.
  3. Este rey a menudo es pariente de la madre.
  4. Las circunstancias de su nacimiento son inusuales.
  5. Se le adjudica ser hijo de un dios.
  6. Después de su nacimiento se intenta matarlo (usualmente por su padre, su madre o un abuelo).
  7. Pero es salvado de ese intento.
  8. Es criado por padres adoptivos (o padres no naturales) en una tierra lejana.
  9. No se conoce nada de su niñez.
  10. Al alcanzar la adultez regresa o viaja a su futuro reino.
  11. Obtiene una victoria sobre un rey, un gigante, un dragón o una bestia salvaje y luego
  12. Se casa con una princesa, a menudo la hija de su predecesor.
  13. Se convierte en rey.
  14. Por un tiempo reina sin inconvenientes.
  15. Dicta leyes.
  16. Pierde el favor de los dioses o de sus seguidores.
  17. Es exiliado.
  18. Encuentra una muerte misteriosa.
  19. Usualmente en la cima de una colina.
  20. No tiene hijos o si los tiene estos no lo suceden.
  21. Su cuerpo no es enterrado, sin embargo
  22. Tiene uno o más sepulcros sagrados.
Raglan, a continuación, resume la vida de varios héroes y concede puntos (marcas) de los elementos temáticos de una puntuación posible de 22. Entre todos los héroes (dioses o semidioses) disecciona a Edipo, Teseo, Rómulo, Hércules, Perseo, Jasón, Belerofonte, Pélope, Asclepio, Dionisio, Apolo, Zeus, José, Moisés, Elías, Watu Gunung, Nyikang, Sigurd o Sigfrido, Llew Llawgyffes, Arthur(el rey Arturo), y Robin Hood. De todos ellos Edipo es el que gana la puntuación más alta con 21 puntos en común.
Héroe (o semidiós) Mitología o leyenda Puntuación
Edipo Griega 21
Teseo Griega 20
Rómulo Romana 18
Hércules Griega 17
Perseo Griega 18
Jasón Griega 15
Belerofonte Griega 16
Pélope Griega 13
Asclepio Griega 12
Dionisio (Baco) Griega 19
Apolo Griega, romana y etrusca 11
Zeus Griega 15
José (hijo de Jacob) Hebrea 12
Moisés Hebrea 20
Elías Hebrea 9
Watu Gunung Indonesia 18
Nyikang Egipcia 14
Sigurd o Sigfrido Germánica 11
Llew Llaw gyffes Galesa 17
Arthur(el rey Arturo) Leyenda inglesa y francesa 19
Robin Hood Leyenda inglesa 13
De esta forma Raglan calcula la probabilidad de que estos protagonistas fueran personajes históricos reales.
A diferencia de Joseph Campbell , que publicó “El héroe de las mil caras” en 1943, Raglan no estaba interesado en la psicología o los aspectos personales de los héroes mitológicos, sólo su fundamento fáctico.
El héroe estableció a Raglan como un de los principales defensores de la teoría  “ritual del mito” (mito-ritual) del origen de la religión, cuyos antecedentes incluyen Sir James Frazer y los ritualistas de Cambridge . La teoría del “mito-ritual” tuvo una profunda influencia en la literatura y, posteriormente, en la crítica literaria alcanzando su apogeo en la década de 1960. Debido a su presentación sucinta de la teoría, la escala de Raglan se utiliza a menudo como una herramienta de enseñanza de la antropología cultural y la literatura comparada .
Significativamente, Raglan excluye a Jesús del estudio, a pesar de coincidir en la mayoria de los puntos como por ejemplo: tiene fama de ser el hijo de un dios, regresó a su reino futuro, y se reunió con una misteriosa muerte en la cima de una colina, y no fue enterrado. Raglan más tarde afirmó que omitió a Jesús para evitar conflictos con su editor original. La idea de Jesús como un dios-héroe es a veces utilizada por ambas partes en el debate sobre la historicidad de Jesús.

Como crear a un arquetipo de héroe mitológico: Jesús.
Según el autor Robert Price, especialistas en la mitología como Lord Raglan, Otto Rank, y otros han desarrollado un concepto llamado el ” arquetipo mítico héroe “- un tipo de hombre cuya vida es superior a la de cualquier vida común y que es encontrado en muchas culturas Indoeuropeas y  semíticas. Se han analizado las historias y los mitos de Eneas, Arthur (Arturo), Buda, David, Gilgamesh, Heracles (Hércules), Lohengrin, Moisés, Odiseo, Edipo, Perseo, Rómulo, Siegfried, etc y se han identificado veintidós elementos recurrentes en estos mitos. Normalmente, la historia de la vida de cualquier héroe único contiene muchos, aunque no todos, de esos veintidós componentes.
El autor Alan Dundes comparó este arquetipo con los acontecimientos de la vida de Jesús, según consta en las Escrituras Cristianas. Encontró que en “la vida de Jesús” figuran la mayoría de esos veintidós elementos. Los puntos 3  y 12 faltan o resultan débiles pero los veinte eventos restantes son prácticamente precisos:
v1.- Su madre es una virgen real. Los Evangelios de Mateo y Lucas afirman que la madre de Jesús es una virgen . (Por ejemplo, Mateo 1:23). Las genealogías en los dos evangelios intentan indicar que José es descendiente de la realeza; Según esto María sería participaría de la realeza por estar casada con José. (Mateo 1:1-16).
v2.- Su padre es un rey. Jesús es considerado como el Hijo de Dios y a Dios a menudo se le menciona como el Rey de Reyes. (algo más que añadir al intento de indicar que José  descendía directamente de la casta  real de David aunque según los evangelios este no participara directamente en la concepción. Algo que además hace que la única supuesta “profecía” sobre su linaje real )
x3.- Este rey a menudo es pariente de la madre. No se sabe nada sobre la genealogía de María, así que este punto no puede ser confirmado. Si los primeros cristianos creían que José y María estaban relacionados, a continuación, esta información no la exponen en los Evangelios. (A pesar de esto, el hecho de que su “padre” fuera Dios y según el judeocristianismo toda la humanidad, incluida María, es hija suya… Hace que este punto pueda estar también representado en dicha mitología)
v4.- Las circunstancias de su nacimiento son inusuales. Tanto los Evangelios de Lucas como los de Mateo afirman que Jesús fue concebido por María por “obra y gracia”  “del Espíritu Santo “, sin haber tenido relaciones sexuales con un hombre.(Mateo 1:20),
v5.- Se le adjudica ser hijo de un dios. Esto se ve en todas las Escrituras Cristianas. Teniendo en cuenta tan sólo el primer capítulo del Evangelio de Juan, hay incluso hasta siete referencias a Jesús como el Hijo de Dios:
  • como ” La Palabra ” estando con Dios.
  • como el ” unigénito del Padre . “
  • como el ” Hijo único “
  • como ” el Cordero de Dios “. (2 veces)
  • como el ” Hijo de Dios . ” (2 veces)
v6.- Hubo un intento de matar al héroe cuando era niño. En Mateo 2:16, Herodes ordenó que “todos los niños que había en Belén ” y sus alrededores debían ser asesinados. (RV) . La Nueva Versión Internacional dice que la masacre fue limitarse exclusivamente a los niños varones.
v7.- Pero es salvado de ese intento. Mateo 2:13-14 relata cómo un ángel se apareció a José en sueños y le dijo que debía huir a Egipto con su familia.
v8.- Es criado por padres adoptivos (o padres no naturales) en una tierra lejana. Mateo 2:15 dice que Jesús se crió en Egipto hasta que muriera Herodes ya que no era seguro para la familia regresar a Nazaret hasta que eso sucediera. La mayoría de los héroes mitológicos implican a una familia de acogida. En el caso de Yeshua, José no era el padre de Jesús. Según el judeocristianismo José fue una especie de padre adoptivo.
v9.- No se sabe nada o muy poco sobre su infancia. Las Escrituras cristianas no dan ningún detalle sobre la vida de Jesús desde el momento en que fue circuncidado a la edad de ocho días (Lucas 2:21) hasta su bautismo a la edad de 30. La única excepción es Lucas 2:46-49, donde a la edad de 12 años se describe como es llevado a Jerusalén en el momento de la Pascua. En esos versículos se describe como Jesús debate asuntos teológicos con los sacerdotes. La presentación del héroe como un niño prodigio no aparece en el arquetipo de héroe mitológico que se está estudiando aquí. Sin embargo, Robert Price afirma que “se trata de un mitema frecuente en los relatos de héroes que no fue considerado por Raglan …” 1
v10.- Al alcanzar la adultez regresa o viaja a su futuro reino. Jesús fue a Jerusalén antes de su última Pascua, donde fue declarado rey por el propio pueblo. Juan 12:12-13 dice que “una gran multitud, tomaron ramas de palmera y salieron a recibirle, y clamaban: “Hosanna es el que viene en el nombre del Señor! El! Rey de Israel! Bendito” (NKJ)
v11.- Obtiene una victoria sobre un rey, un gigante, un dragón o una bestia salvaje. El pasaje en Juan 18:36-37 describe cómo Jesús demostró debatir con habilidad superior al ser entrevistado por Pilato. Más importante aún, “la resurrección de Jesús” que se menciona en los cuatro Evangelios y en muchos lugares adicionales en las Escrituras Cristianas es la última victoria sobre el rey que fue responsable de ordenar su crucifixión. Pilato ordenó la muerte de Jesús y Jesús fue triunfal. Pilato no era un rey, era un fiscal – un tipo de gobernador. Pero aún así tenía un enorme poder.
Por si ese detalle no parece esclarecedor, se le suma (aunque no por orden en la escala) el hecho de que después de su bautismo viaja al desierto donde es tentado por el “diablo”. Ser al que derrota con su supuesta astucia. El propio cristianismo ha considerado (y considera actualmente) a este diablo como “rey del mal” o “príncipe de las tinieblas”. También se le menciona como la serpiente que tentó a Adán y Eva en Génesis y por si esto no fuera suficiente, el cristianismo le otorgó diversas formas físicas como dragones, machos cabríos, etc.
Para añadir algo más a este punto, después de eso el héroe (Jesús) prosigue una serie de hazañas en las que vence al demonio ejecutando varios exorcismos a distintas victimas poseídas por este.
x12.- Se casa con una princesa. No hay registro de que Jesús estuviera casado. Sin embargo, algunos teólogos han sugerido que la historia del milagro en el que convierte el agua en vino pudo haber tenido lugar en su propia boda. Los Evangelios hablan mucho sobre las mujeres que estaban en el séquito de Jesús durante su ministerio. De haber existido, en la cultura Palestina del siglo 1 C.E  estas seguidoras  habrían tenido que estar casadas con Jesús y/o sus discípulos, o eran prostitutas. Se presupone la primera porque, de otro modo, uno podría esperar en los relatos que los fariseos hubieran criticado ferozmente a Jesús por la laxitud moral si este fuera seguido por una multitud de prostitutas. Se ha argumentado que de haber existido Jesús, este estuviera probablemente casado. La sociedad judía presionaba a los hombres a casarse mientras eran jóvenes. Si Jesús se hubiera quedado solo entonces uno habría esperado ciertas criticas de los fariseos a este por seguir siendo un soltero.
Además de esto cabe destacar la mención en los evangelios de María Magdalena como una de sus discípulos. Tanto en los evangelios canónicos como en los apócrifos se la menciona en varias ocasiones como una testigo presencial y “compañera” de Jesús.
Lucas 8:3 también indica que una de las mujeres que siguieron a Jesús era por lo menos cercana al rey Herodes.
v13.- Él héroe se convierte en rey. Juan 18:36-37 describe cómo el pueblo de Jerusalén le proclamó el Rey de Israel. Pilato en broma reconoce que el público consideró a Jesús como un rey (Marcos 15:12 y 19:15 Juan). En Marcos 15:18, los soldados romanos en tono de broma se refirieron a él como rey de los Judíos. Una placa fue colocada sobre su cabeza durante la ejecución con la inscripción de ” El Rey de los Judíos. ” (Por ejemplo, Marcos 15:26 o Lucas 23:37-38).
v14.- Reina sin problemas por un tiempo. Él no reina en el sentido de tener poder temporal. Sin embargo, Marcos 12:27 al 13 describe cómo se celebra la corte en el templo de Jerusalén.
Como nota añadida, aunque cronológicamente anterior a este hecho, se puede observar en los evangelios toda una serie de anécdotas producidas por Jesús en las que realiza milagros y ofrece enseñanzas sin ser molestado por las autoridades.
v15.- Prescribe leyes. En Marcos 12 y 13, “… Él  ofrece enseñanzas, parábolas y profecías, que se toman con fuerza de ley por sus seguidores.“. En Mateo 23 este ofrece leyes y amenaza a los fariseos. Además de los evangelios podemos ver como en las epístolas se citan leyes supuestamente enseñadas por él.
v16.- Pierde el favor de los dioses o sus súbditos. Los Evangelios registran cómo el público se vuelve contra Jesús y exigen que sea crucificado. (Por ejemplo Juan 19:15).
A esto también se le puede añadir la traición de Judas (Mateo 27:1-5) y las famosas tres negaciones de Pedro (Mateo 26:69-75)
Por si eso no fuera poco, para llegar al siguiente punto clásico en todas los relatos de héroes míticos, incomprensiblemente Jesús pierde el apoyo del publico que anteriormente le recibió con palmas y cantando “hosanna al hijo de David” (Mateo 21).
Alejándonos aun más a esta entrada triunfal y su posterior declive de popularidad, y como colofón a esto, podemos observar como el propio héroe (en este caso Jesús) clama la famosa frase “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?” (Mateo 27:46)
v17.- Él héroe es expulsado del trono y de la ciudad . Al héroe se lo llevan fuera de la ciudad para ser crucificado. En Lucas 23:26-32 este hecho se lleva a cabo sacándolo de la ciudad por soldados romanos.
v18.- Tiene una misteriosa muerte. Durante la crucifixión de Jesús, que muere después de un corto periodo de tiempo de forma inesperada (Juan 19:31-33) más misteriosos fueron los acontecimientos que se produjeron en el momento de su muerte:
  • Lucas 23:44-45 describe cómo el sol dejó de brillar y la cortina del templo se rasgó en dos.
  • Mateo 27:51-53 describe grandes terremotos lo suficientemente fuertes como para dividir las rocas.
  • Mateo 27:51-54 también habla de la resurrección de muchos muertos saliendo de sus tumbas que posteriormente entran en la ciudad y se aparecen a muchas personas.
Adelantándonos a los hechos también se le podría añadir a esto que, según este relato, después de ser enterrado y a pesar de ser custodiado por un guardia romano, su cuerpo desaparece.
v19.- Muere en la cima de una colina: Fue ejecutado en la colina del Gólgota, en la cima del Monte Calvario.
v20.- No tiene hijos o si los tiene estos no lo suceden. No hay nada en las Escrituras cristianas que indique que Jesús tuviera hijos. Según estas, el hermano de Jesús, Santiago, es quien le sucedió como líder de los discípulos y jefe del grupo de cristianos judíos en Jerusalén. (Como dato extra: algunos grupos de fe consideran a Santiago como el “hermanastro”, primo o amigo de Jesús).
Ya no cabe ni mencionar que según el catolicismo el sucesor de Jesús sea Pedro (Shimón bar Ioná) y con este quede aun más confirmada la imposibilidad de un sucesor (consanguíneo) hereditario de este héroe.
v21.- Su cuerpo no es enterrado: En lugar de que ser enterrado en una tumba de barro (en un osario bajo los previos rituales judíos), según los autores de los evangelios su cuerpo fue colocado temporalmente en una cueva de roca. En algún momento desconocido entre la tarde del viernes, cuando fue puesto en el sepulcro, y el siguiente domingo por la mañana, todos los Evangelios dicen que Jesús resucitó. Price comenta que esto ” parece ser legítimo dentro de la variante del tipo de leyenda ideal. ”
v22.- Tiene uno o más sepulcros sagrados: Al supuesto sepulcro donde fue enterrado nada mas morir y que jamás ha sido encontrado se le suma la Iglesia del Santo Sepulcro. La cual se construyó sobre el lugar donde muchos cristianos creen que Jesús fue ejecutado.
Nota: A pesar de que muchos mencionan que los puntos más débiles en esta escala aplicados a la mitología de Jesús son el 8, el 11 y el 12 (dándole a este relato una puntuación de 19), aquí se han tomado las referencias de Alan Dundes a las que se le han añadido varias correcciones y conclusiones para concretar más aun dichos puntos (dejando como resultado final una puntuación de 20).